La UOM cerró la paritaria metalmecánica con un aumento del 23,5% hasta marzo de 2027
Paritarias Viernes 14 de Agosto de 2026
La Unión Obrera Metalúrgica (UOM) cerró la discusión salarial correspondiente a la actividad metalmecánica tras una audiencia virtual convocada por la Secretaría de Trabajo. El acuerdo contempla una mejora acumulada del 23,5% durante ocho meses, desde agosto de 2026 hasta marzo de 2027.
El entendimiento se produjo en un contexto de fuerte tensión entre el gremio y las cámaras empresarias, luego de varias reuniones en las que los representantes sindicales reclamaron recomponer la pérdida salarial acumulada frente a la inflación.
A diferencia de otras negociaciones paritarias que incorporan cláusulas de revisión o actualizaciones más frecuentes, el acuerdo metalúrgico establece una pauta de mayor duración y combina incrementos porcentuales con sumas de carácter no remunerativo.
Según lo acordado, parte de las mejoras se abonará como conceptos no remunerativos y posteriormente será incorporada a los salarios básicos. La incorporación definitiva de esos montos está prevista para abril de 2027.
Además, las partes pactaron el pago de una suma no remunerativa vinculada con la retroactividad correspondiente a mayo, junio y julio, período durante el cual permaneció abierta la negociación.
Un salario básico que quedó bajo presión
Uno de los principales puntos de conflicto durante las negociaciones estuvo relacionado con el nivel de los salarios dentro de la actividad. De acuerdo con fuentes sindicales, alrededor del 60% de los trabajadores metalúrgicos percibe un salario básico cercano a $1.036.390, una cifra que se encuentra por debajo de la línea de pobreza establecida para una familia tipo.
Desde el gremio habían planteado que los salarios acumulaban una pérdida de entre 13 y 14 puntos frente a la inflación, por lo que reclamaban una recomposición que permitiera recuperar parte del poder adquisitivo perdido.
La negociación se desarrolló además en un escenario de creciente presión sobre los ingresos de los trabajadores, mientras las partes intentaban definir una pauta que pudiera sostenerse durante los próximos meses.
La intervención de Biglieri, clave para destrabar la negociación
En las tratativas tuvo un papel central el interventor judicial de la UOM, Alberto Biglieri, quien actuó como articulador entre la organización sindical y las cámaras empresarias.
La negociación había quedado trabada debido a la decisión de la Secretaría de Trabajo de no reconocer inicialmente a los delegados paritarios designados por la intervención de la UOM.
El escenario cambió luego de una resolución de la Sala VIII de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo, que reconoció las facultades del interventor para participar de las negociaciones colectivas y designar a los representantes que intervienen en las paritarias.
A partir de ese fallo, la representación sindical pudo avanzar formalmente en las conversaciones con las cámaras empresarias.
Un nuevo frente de conflicto dentro de la UOM
El acuerdo metalmecánico se conoció apenas un día después del entendimiento alcanzado para la rama siderúrgica, que generó un fuerte rechazo en la Seccional Villa Constitución.
En ese caso, la conducción local cuestionó el acuerdo firmado con la Cámara del Acero y anunció la posibilidad de realizar medidas de fuerza, además de evaluar acciones judiciales.
El convenio siderúrgico estableció incrementos no remunerativos del 6% para agosto, septiembre y octubre, junto con otro tramo del 6% para octubre-diciembre, que posteriormente se incorporará a los salarios básicos. También contempla un bono extraordinario de $1.600.000 en concepto de retroactividad.
La sucesión de ambos acuerdos deja expuestas las tensiones que atraviesa la UOM durante su intervención judicial, especialmente entre la conducción designada y algunas estructuras seccionales que cuestionan el rumbo de las negociaciones salariales.
Mientras tanto, el nuevo acuerdo metalmecánico extiende la discusión hasta marzo de 2027 y obliga a los trabajadores a atravesar varios meses con una pauta salarial definida de antemano, en un contexto económico en el que la evolución de los precios continúa siendo uno de los principales factores de presión sobre los ingresos.















