Cierra FAPA tras 88 años y Argentina pierde su única fábrica de aisladores eléctricos
Política gremial Martes 5 de Mayo de 2026
La industria nacional sumó un nuevo golpe con el cierre definitivo de Fábrica Argentina de Porcelanas Armanino, la única empresa del país dedicada a la producción de aisladores eléctricos de porcelana. Tras 88 años de actividad, la planta ubicada en Monte Grande fue liquidada y su maquinaria puesta a remate, en una decisión que los trabajadores calificaron como irreversible.
Fundada en 1938 por los hermanos Leopoldo y Aquiles Armanino, la compañía había logrado reconvertirse durante la Segunda Guerra Mundial para abastecer al mercado local ante la interrupción de importaciones. Con el paso de las décadas, se consolidó como un actor clave para el sistema energético argentino, al fabricar componentes esenciales para garantizar la seguridad y eficiencia de la red eléctrica.
Un insumo estratégico que deja de producirse en el país
Los aisladores de porcelana cumplen un rol crítico: evitan fugas de electricidad y permiten el correcto funcionamiento de las líneas de transmisión. Según datos de la Cámara de la Industria Electrónica Electromecánica y Luminotécnica, FAPA abastecía cerca del 70% del consumo aparente del mercado local y cubría la totalidad de la producción nacional.
Con su cierre, el país queda completamente dependiente de importaciones provenientes principalmente de China, Brasil y Colombia, lo que introduce un nuevo nivel de vulnerabilidad en una infraestructura considerada estratégica.
Apertura de importaciones y cambio de escenario
En paralelo al cierre, el ministro de Economía, Luis Caputo, firmó la Resolución 345/2026, que suspende por seis meses los derechos antidumping para la importación de estos productos.
Desde el Gobierno argumentaron que la medida busca evitar problemas en el abastecimiento del sistema eléctrico, al considerar que la inexistencia de producción local vuelve inaplicables las restricciones comerciales. Sin embargo, en los hechos, la decisión consolida el giro hacia la dependencia externa en este segmento.
Un sector en retroceso
El final de FAPA se inscribe en un contexto más amplio de caída de la actividad industrial. De acuerdo a un informe reciente de CADIEEL, hacia fines de 2025 el 44% de las empresas del sector registraba una baja en su producción, con una contracción promedio del 31% trimestral.
Solo el 16% de las firmas mostraba crecimiento, mientras que el resto se mantenía estancado, en un escenario marcado por la recesión y la pérdida de competitividad de la industria nacional.
Impacto estructural
Más allá de la pérdida de puestos de trabajo, el cierre de FAPA implica la desaparición de una capacidad productiva estratégica. La fabricación local de aisladores no solo garantizaba abastecimiento, sino también conocimiento técnico, desarrollo industrial y autonomía en un área sensible.
Con la planta fuera de operación, Argentina deja de producir un insumo clave para su sistema eléctrico y pasa a depender por completo del mercado internacional, en un contexto donde la continuidad del servicio exige ahora asegurar el flujo de importaciones.
El cierre de una empresa con casi nueve décadas de historia marca así un punto de inflexión para el sector energético y vuelve a poner en debate el futuro de la industria nacional en áreas consideradas críticas.














