Cargill volverá a operar en Arribeños, aunque la reapertura queda atada a la seguridad y a la resolución del conflicto de transportistas
Política gremial Jueves 10 de Septiembre de 2026
La planta de Cargill en Arribeños, partido de General Arenales, volverá a recibir actividad a partir del 10 de septiembre, luego de permanecer paralizada durante aproximadamente dos meses. La empresa confirmó una reapertura progresiva, aunque dejó expresamente planteado que el funcionamiento estará sujeto a las condiciones de seguridad que puedan garantizarse en el lugar.
El anuncio representa un primer movimiento para normalizar la actividad de una planta que quedó fuera de funcionamiento desde el 3 de julio, en el marco de un conflicto protagonizado por transportistas y vinculado a un representante de la Confederación Argentina del Transporte Automotor de Cargas (CATAC).
Sin embargo, Cargill remarcó que la situación que originó la interrupción de las operaciones todavía no fue resuelta. En ese sentido, la compañía sostuvo que se trata de una disputa entre terceros y que no constituye un conflicto laboral propio de la empresa.
Una reapertura con condiciones
La decisión de volver a operar no supone, al menos por ahora, el regreso automático al esquema habitual de trabajo.
Desde la compañía señalaron que la actividad será retomada de manera controlada y que su permanencia dependerá de la existencia de un escenario que permita trabajar bajo condiciones que sean consideradas seguras, estables y sostenibles.
La empresa también destacó las medidas adoptadas por las autoridades para reforzar la seguridad en el área y permitir el reinicio de las operaciones.
El mensaje deja abierta la posibilidad de que la actividad vuelva a ser interrumpida si esas condiciones dejan de estar garantizadas.
Por eso, más que una solución definitiva al conflicto, la reapertura aparece como un intento de recuperar parcialmente la operatoria mientras continúa pendiente la disputa que enfrentó a los transportistas.
Dos meses de paralización y fuerte impacto local
El cierre de la planta tuvo consecuencias que excedieron a los trabajadores directamente vinculados con el transporte de cargas.
La instalación de Cargill tiene más de 25 años de presencia en la zona y su paralización impactó sobre una cadena económica que incluye talleres mecánicos, comercios, proveedores y distintos servicios relacionados con el movimiento de granos.
Entre los principales afectados se encuentran unos 30 transportistas que quedaron sin actividad a partir de la interrupción de la asignación de cargas.
El conflicto comenzó cuando un grupo de fleteros cuestionó el mecanismo mediante el cual se distribuían los viajes y apuntó contra un representante de CATAC. Los transportistas denunciaron la existencia de una suerte de intermediación obligatoria y afirmaron que se les reclamaba una comisión equivalente al 3% del valor de cada carga, que —según su denuncia— se abonaría de manera informal.
Los trabajadores sostuvieron que, ante su negativa a aceptar ese esquema, dejaron de recibir asignaciones de fletes.
Las versiones enfrentadas
La acusación fue rechazada por el titular de CATAC, Ramón Jatip, quien negó que existiera una obligación de ese tipo y sostuvo públicamente que los transportistas involucrados se retiraron por decisión propia.
Cargill, por su parte, buscó despegarse de la disputa. La multinacional sostuvo que los transportistas involucrados no tienen ni tuvieron relación laboral con la compañía y que se trata de prestadores independientes.
La empresa también defendió sus mecanismos de asignación de cargas y señaló que responden a criterios comerciales y operativos propios de la actividad, dentro del marco de la libre contratación.
En paralelo, desde el Municipio de General Arenales se consideró que se trata de una controversia de carácter privado y que su resolución excede las competencias municipales.
Un conflicto que todavía puede generar tensión
La reapertura de la planta modifica el escenario, pero no elimina el problema de fondo.
Los transportistas reclaman una solución que permita recuperar la actividad y cuestionan las condiciones bajo las cuales se produjo la interrupción de los viajes. Del otro lado, Cargill insiste en que no es parte de la disputa y condiciona la continuidad de sus operaciones a la existencia de garantías de seguridad.
Así, el regreso de la actividad en Arribeños se produce en un contexto todavía frágil: la planta volverá a funcionar, pero el conflicto que provocó su paralización permanece abierto.
El desafío inmediato será determinar si la reapertura logra sostenerse en el tiempo y si las partes involucradas encuentran finalmente un mecanismo para destrabar una disputa que, durante las últimas semanas, terminó afectando no sólo a los transportistas sino también a buena parte de la economía vinculada a la planta en la región.















