Whirlpool abandonó la fabricación en Argentina: cerró su planta de Pilar y ahora busca venderla
Política gremial Viernes 4 de Septiembre de 2026
El proceso de desindustrialización que atraviesa parte del sector de electrodomésticos sumó un nuevo capítulo con Whirlpool. La multinacional estadounidense puso en venta el complejo fabril que había inaugurado en Pilar apenas tres años antes, después de haber abandonado definitivamente la producción de lavarropas en la Argentina.
La compañía cerró la planta de Fátima en noviembre de 2025 y ahora avanzó con la venta del inmueble, que cuenta con unos 30.453 metros cuadrados cubiertos. Whirlpool mantendrá su actividad comercial en el país, pero bajo un esquema diferente al que había proyectado originalmente: sus productos son actualmente abastecidos desde el exterior.
El cambio implica el cierre de un proyecto industrial que había sido presentado como una apuesta de largo plazo por la producción argentina.
Una fábrica que prometía producir para toda la región
La planta había sido inaugurada en 2022, luego de una inversión de aproximadamente 52 millones de dólares. En aquel momento, Whirlpool la presentó como una instalación de última generación y como una plataforma destinada a abastecer tanto al mercado argentino como a otros países de la región.
El diseño industrial contemplaba una capacidad de producción de hasta 300.000 lavarropas anuales y un fuerte perfil exportador: cerca del 70% de las unidades fabricadas tenían como destino previsto los mercados externos, especialmente Brasil.
La empresa había proyectado además una línea de producción de alta velocidad, con la posibilidad de completar un lavarropas aproximadamente cada 40 segundos.
Durante 2023, el primer año completo de funcionamiento, la apuesta parecía consolidarse. Whirlpool incorporó un segundo turno de producción y volvió a exportar lavarropas a Brasil, algo que no ocurría desde hacía más de 20 años.
Pero ese escenario duró poco.
Del segundo turno al cierre definitivo
El cambio de ciclo comenzó a hacerse visible durante 2024, cuando la empresa empezó a reducir turnos y puestos de trabajo.
La contracción del consumo interno y las dificultades para sostener la competitividad de la producción nacional frente al ingreso de productos importados modificaron las perspectivas del negocio.
El proceso terminó desembocando en el cierre de la fábrica en noviembre de 2025 y en el abandono de la fabricación local de lavarropas.
La decisión también implicó dejar sin efecto el esquema productivo que había sido presentado pocos años antes como una plataforma regional.
Argentina como mercado importador
Con la planta fuera de funcionamiento, Whirlpool conservó su presencia comercial en el país, pero modificó sustancialmente la forma de abastecer el mercado.
La empresa pasó a operar bajo un modelo 100% importador: los electrodomésticos, accesorios y repuestos que comercializa en Argentina son fabricados fuera del país.
En el caso de los lavarropas, Brasil se convirtió en la principal fuente de abastecimiento, reemplazando la producción que anteriormente se realizaba en Pilar.
La venta del complejo industrial completa así el proceso de reconversión. La compañía confirmó que la operación inmobiliaria constituye una consecuencia de la decisión previa de discontinuar la actividad fabril.
El contraste con el proyecto de 2022
La transformación de Whirlpool expone el contraste entre dos modelos de negocios separados por apenas unos años.
En 2022, la empresa desembarcaba con una inversión millonaria, una nueva planta, capacidad exportadora y planes para convertir a la Argentina en una plataforma productiva regional.
En 2025, esa fábrica dejó de producir.
Y en 2026, el inmueble donde funcionó el proyecto industrial quedó puesto a la venta.
La compañía no abandonó el mercado argentino, pero sí dejó atrás su perfil de fabricante local. El país pasó de ser una base de producción de electrodomésticos con aspiraciones exportadoras a convertirse, para Whirlpool, fundamentalmente en un mercado de comercialización abastecido desde el exterior.
El caso se incorpora así a la discusión sobre el impacto de la apertura importadora, la evolución del consumo y la pérdida de capacidad industrial en distintos sectores de la economía argentina durante los últimos años.















