Rever Pass entra en concurso preventivo y acumula una deuda superior a los $7.000 millones
Política gremial Viernes 21 de Agosto de 2026
La crisis del consumo y las dificultades que atraviesa el sector de la indumentaria sumaron un nuevo caso. IGT33 S.A., compañía que opera las marcas Rever Pass y Be Rebel, se presentó en concurso preventivo ante la Justicia comercial luego de acumular un pasivo que supera los $7.000 millones.
La firma, que cuenta con más de 40 años de trayectoria en el mercado argentino, atraviesa una delicada situación financiera que compromete a una estructura de más de 100 trabajadores, 13 locales comerciales y una planta industrial ubicada en Ricardo Rojas, partido de Tigre.
El proceso concursal quedó radicado en el Juzgado Nacional en lo Comercial N°18, que dispuso su apertura el pasado 14 de julio.
Las ventas se desplomaron y las pérdidas se multiplicaron
La presentación judicial muestra el deterioro que sufrió la compañía durante los últimos ejercicios. Entre 2024 y 2025, las ventas descendieron de unos $15.475 millones a $11.814 millones en moneda constante, una caída cercana al 24%.
El retroceso de la actividad tuvo un fuerte impacto sobre los resultados. El ejercicio cerrado en noviembre de 2025 terminó con una pérdida de $4.365 millones, frente a los $515 millones negativos registrados durante el período anterior.
La empresa atribuye la crisis a una combinación de factores: la caída del consumo interno, el incremento de los costos productivos y el encarecimiento del financiamiento. Según la documentación presentada, durante 2025 las tasas de crédito llegaron a niveles cercanos al 100% anual, dificultando el acceso al financiamiento necesario para sostener la actividad.
Una deuda millonaria y cheques rechazados
El pasivo de IGT33 está compuesto por diferentes tipos de obligaciones. El principal componente corresponde a deudas bancarias por unos $3.276 millones.
Dentro de ese monto, el Banco Nación concentra aproximadamente $2.264 millones, mientras que otros $866 millones corresponden al Banco Provincia.
A esto se agregan alrededor de $975 millones de deuda fiscal y otros $1.725 millones vinculados con obligaciones previsionales, además de compromisos con trabajadores, organizaciones sindicales y proveedores.
La situación financiera también quedó reflejada en el sistema de pagos. Al 31 de mayo, la compañía acumulaba 65 cheques rechazados por más de $300 millones, una situación que derivó en embargos sobre sus cuentas y puso en riesgo el normal funcionamiento de la empresa.
La competencia de las plataformas internacionales
Uno de los argumentos utilizados por la compañía para explicar su deterioro financiero está relacionado con el crecimiento de las plataformas de comercio electrónico internacionales, entre ellas Shein y Temu.
Desde IGT33 consideran que las empresas locales enfrentan una estructura de costos considerablemente mayor debido a los gastos vinculados con locales físicos, trabajadores, cargas sociales, impuestos y logística.
La conducción de la firma sostiene que las plataformas internacionales pueden acceder directamente al consumidor argentino sin afrontar una estructura equivalente a la de las marcas nacionales, generando una competencia que consideran difícil de sostener.
El CEO de la compañía, Pablo Sonne, planteó que el cambio en las condiciones del mercado produjo una competencia desigual para las empresas locales que mantienen producción y estructuras físicas en el país.
La empresa busca sostener la actividad
A pesar de la presentación judicial y del complejo panorama financiero, desde la compañía aseguran que trabajan para mantener la operación y superar la crisis.
La empresa afirma haber realizado ajustes sobre su estructura de proveedores y apuesta a una nueva colección de verano con la expectativa de recuperar ventas mediante una propuesta de precios más competitiva.
El concurso preventivo buscará ahora ordenar las obligaciones acumuladas y generar un marco que permita a la compañía continuar funcionando mientras negocia con sus acreedores.
El proceso será seguido de cerca por los trabajadores y los distintos actores vinculados a la empresa, en un contexto particularmente complejo para la industria de la indumentaria, donde la caída del consumo, el avance de las plataformas internacionales y el deterioro de las condiciones de financiamiento vienen golpeando a numerosas firmas nacionales.















