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Lunes 12 de Octubre de 2026

Minicuotas Ribeiro cerró su último local tras 116 años y dejó extrabajadores que todavía reclaman sus indemnizaciones

Actualidad Lunes 12 de Octubre de 2026
Minicuotas Ribeiro cerró su último local tras 116 años y dejó extrabajadores que todavía reclaman sus indemnizaciones

La histórica cadena de electrodomésticos bajó definitivamente la persiana de su sucursal de Villa Mercedes, San Luis, donde había comenzado su trayectoria. La empresa llegó a tener 87 locales y unos 2.500 empleados en todo el país. La crisis se profundizó en 2018, cuando comenzó a pagar los salarios en cuotas, y muchos de los trabajadores despedidos aún esperan cobrar las indemnizaciones pendientes.

Minicuotas Ribeiro cerró su último establecimiento en la Argentina y puso fin a una historia comercial de 116 años. El local de Villa Mercedes, en la provincia de San Luis, donde nació la firma familiar, dejó de funcionar después de un prolongado proceso de deterioro económico que provocó cierres de sucursales, despidos y deudas laborales que todavía afectan a numerosos extrabajadores.

La desaparición de la cadena marca el final de una empresa que supo expandirse por distintas provincias y construir su identidad alrededor de un sistema de financiación destinado a sectores de la población con dificultades para acceder al crédito bancario tradicional.

Sin embargo, detrás del cierre definitivo permanece un conflicto laboral que lleva años sin resolverse. Muchos de los empleados que perdieron sus puestos durante la crisis todavía reclaman el pago de las indemnizaciones que les corresponden.

De un comercio familiar a una cadena nacional

La historia de Ribeiro comenzó en 1910, cuando Manuel Ribeiro fundó en San Luis un negocio dedicado a la joyería, la relojería y la óptica. Con el paso de las décadas, la empresa amplió su actividad hacia la venta de electrodomésticos y logró consolidarse en el mercado minorista.

Bajo el impulso de la tercera generación familiar, encabezada por el sociólogo Manuel Ribeiro, la compañía desarrolló un modelo comercial basado en la financiación en cuotas, con el objetivo de llegar a clientes que no contaban con acceso al sistema bancario tradicional.

La propuesta tuvo una expansión significativa. En su etapa de mayor desarrollo, la firma llegó a contar con 87 sucursales y una plantilla cercana a los 2.500 trabajadores distribuidos en diferentes puntos del país.

El sistema de minicuotas, que comenzó a probarse en 2001 y fue lanzado oficialmente en 2006, se convirtió en una de las principales características de la marca. Su esquema buscaba facilitar las compras a personas sin recibo de sueldo o con ingresos provenientes de trabajos informales.

Pero el modelo comercial que durante años impulsó el crecimiento de la empresa terminó asociado a una de las etapas más difíciles de su historia.

La crisis y los salarios pagados en cuotas

El deterioro financiero comenzó a hacerse evidente hacia fines de 2018, durante el gobierno de Mauricio Macri. En ese período, Ribeiro empezó a fraccionar el pago de los salarios de sus empleados, que llegaron a cobrar sus haberes en cuotas.

La situación generó incertidumbre entre los trabajadores y profundizó el conflicto laboral. En 2019, la empresa solicitó un Procedimiento Preventivo de Crisis, mientras avanzaba con el cierre de sucursales y la reducción de personal.

La firma también buscó un inversor que permitiera sostener la actividad comercial, pero esa alternativa no prosperó. Con el correr del tiempo, los problemas se agravaron y la red de locales fue desapareciendo progresivamente.

El pago de los salarios en pequeñas cuotas, una modalidad que la empresa había convertido en su sello comercial para los clientes, pasó a representar una paradoja para sus propios empleados, que debían afrontar la pérdida de poder adquisitivo y la incertidumbre sobre la continuidad de sus puestos de trabajo.

Reclamos y situaciones límite entre los trabajadores

La falta de pago de los salarios y el deterioro de las condiciones laborales provocaron episodios de fuerte tensión en distintas sucursales del país.

En Tartagal, una trabajadora identificada como Teresa llegó a iniciar una huelga de hambre para reclamar el cumplimiento de las obligaciones salariales. En octubre de 2019, otro episodio ocurrido en un local del barrio porteño de Caballito expuso el nivel de desesperación que atravesaban algunos empleados en medio de la crisis.

Mientras se multiplicaban los cierres, numerosas familias quedaron sin sus ingresos habituales y con dificultades para afrontar sus compromisos económicos.

La reducción de la estructura comercial terminó por desarticular una empresa que durante décadas había tenido presencia en diferentes mercados regionales. No obstante, el cierre de las sucursales no significó el final de los reclamos de quienes habían trabajado allí.

Indemnizaciones pendientes, una deuda que sigue abierta

Uno de los principales problemas que dejó la caída de Ribeiro es la situación de los extrabajadores que todavía esperan cobrar sus indemnizaciones.

Durante el proceso de cierre y despidos, algunos empleados recibieron propuestas para cobrar las sumas adeudadas en cuotas. Sin embargo, según la información difundida sobre el conflicto, numerosos pagos continúan pendientes y los afectados llevan años reclamando el cumplimiento de esas obligaciones.

Para quienes perdieron sus puestos, el problema no terminó cuando dejaron de funcionar las sucursales. A la pérdida del empleo y las dificultades económicas que atravesaron durante la crisis se sumó la incertidumbre por el dinero que todavía no habrían recibido.

La situación vuelve a poner el foco sobre las consecuencias laborales que pueden persistir mucho después del cierre de una empresa, especialmente cuando quedan deudas con quienes formaron parte de su estructura durante años.

El final de una marca histórica

El cierre del local de Villa Mercedes representa el punto final de una trayectoria comercial iniciada en 1910. Ribeiro pasó de ser un negocio familiar a convertirse en una cadena nacional de electrodomésticos, con un sistema de financiación que le permitió llegar a miles de consumidores.

Su desaparición, sin embargo, deja una realidad que excede la pérdida de una marca tradicional: los reclamos de los trabajadores que quedaron en el camino durante la crisis.

Tras 116 años de actividad, la última persiana ya se bajó. Para muchos de sus extrabajadores, en cambio, la historia todavía no terminó. La resolución de las indemnizaciones pendientes sigue siendo una deuda central de un proceso que comenzó años atrás y que continúa teniendo consecuencias sobre numerosas familias.

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