Los salarios registrados vuelven a perder contra la inflación y profundizan su caída
Política gremial Lunes 20 de Abril de 2026
Los ingresos de los trabajadores formales registraron en febrero una nueva pérdida frente a la inflación, consolidando una tendencia negativa que ya se extiende por seis meses consecutivos. Según datos del INDEC, los salarios subieron 1,8% en ese mes, por debajo del 2,9% que marcó el índice de precios.
El desfasaje implicó una caída del poder adquisitivo del 1,1% en febrero y llevó el retroceso acumulado al 4,3% en términos reales durante el último semestre. La dinámica afecta tanto al sector público como al privado, aunque con diferencias en la magnitud del impacto.
En el detalle, los salarios estatales mostraron una suba nominal del 2,3%, mientras que los del sector privado crecieron 1,6%. Sin embargo, ambos quedaron por debajo de la inflación, lo que se tradujo en pérdidas reales del 0,55% y 1,3%, respectivamente.
Si se amplía la mirada al período iniciado con la gestión de Javier Milei, la caída del salario real registrado alcanza el 8,87%. Dentro de ese universo, los trabajadores del sector público aparecen como los más afectados, con un deterioro del 18,35% en su poder de compra, mientras que en el ámbito privado la baja es del 3,54%.
Un punto que generó cuestionamientos es el comportamiento de los salarios no registrados. De acuerdo con el organismo estadístico, los ingresos informales habrían crecido 4,6% en febrero, superando ampliamente la inflación, un dato que despertó dudas en distintos sectores sobre la consistencia de las mediciones.
Las perspectivas para los meses siguientes no muestran una mejora clara. Con una inflación que en marzo se ubicó en torno al 3,4% —el nivel más alto en un año— y un incremento significativo de los gastos fijos, analistas anticipan que el deterioro del ingreso real podría continuar.
En este escenario, el Gobierno nacional reconoce las dificultades, aunque atribuye la situación a factores heredados. Mientras tanto, la evolución de los salarios sigue siendo uno de los principales focos de tensión social y económica, en un contexto donde las negociaciones paritarias enfrentan crecientes restricciones.














