La tradicional marca Tía Maruca puso fin a su actividad industrial en San Juan y cerró su planta principal ubicada en Albardón, dejando sin empleo a decenas de trabajadores. La decisión marca el final de un proyecto que durante más de 25 años logró posicionarse como una alternativa regional dentro de un mercado dominado por grandes compañías.
El cierre se concretó en los últimos días, cuando la fábrica detuvo por completo su producción. Según fuentes vinculadas a la empresa, la continuidad del negocio se volvió inviable ante un escenario económico adverso que combinó caída del consumo, aumento de costos y dificultades de financiamiento.
Un contexto cada vez más complejo
En los últimos años, la firma enfrentó un deterioro progresivo de sus condiciones operativas. La retracción del consumo interno golpeó con fuerza al rubro alimenticio, mientras que el encarecimiento de insumos clave —como harina y azúcar— redujo los márgenes de rentabilidad.
A esto se sumaron las complicaciones para acceder a créditos a tasas razonables, lo que limitó las posibilidades de inversión y modernización de la planta. En un mercado cada vez más competitivo, la empresa no logró sostener el ritmo frente a productos de menor precio.
De emprendimiento familiar a marca nacional
Tía Maruca nació en 1998 como un emprendimiento familiar en la provincia de San Juan. Con el tiempo, logró expandir su presencia a nivel nacional e incluso incursionar en mercados externos.
Uno de sus hitos fue la adquisición de una nueva planta en 2017, una apuesta que en su momento apuntó a consolidar su crecimiento. Sin embargo, esa expansión también la dejó más expuesta a los vaivenes de la economía argentina, lo que terminó impactando en su sostenibilidad.
Impacto social y económico
El cierre de la fábrica en Albardón representa un golpe significativo para la economía local. La planta era una fuente importante de empleo en la zona y su paralización deja a numerosas familias en una situación de incertidumbre.
Además, la salida de Tía Maruca implica la pérdida de una marca con fuerte identidad regional, que supo ganarse un lugar en las góndolas y en la preferencia de los consumidores.
Un final abierto
Hasta el momento, la empresa no brindó precisiones sobre el futuro de la otra planta adquirida en 2017, aunque el cierre de su establecimiento principal sugiere un panorama incierto para el resto de sus operaciones.
Así, se cierra un ciclo para una firma que supo representar el desarrollo industrial local y que ahora se convierte en otro caso testigo de las dificultades que atraviesa el sector productivo argentino.