Crisis en la UTA: internas, pérdida de representación y desgaste del liderazgo de Roberto Fernández
Política gremial Sábado 25 de Abril de 2026
La Unión Tranviaria Automotor atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. A la pérdida de peso en sectores clave del transporte y a una prolongada caída de su influencia gremial, ahora se suma la apertura de un nuevo frente interno que profundiza la crisis de conducción de Roberto Fernández.
Durante años, las medidas de fuerza del sindicato de choferes de colectivos marcaron el pulso social y político, con fuerte impacto en la economía y la vida cotidiana, especialmente en el Área Metropolitana. Sin embargo, ese poder de presión aparece hoy sensiblemente erosionado tras casi dos décadas de liderazgo ininterrumpido.
El deterioro no es reciente. La organización arrastra una pérdida progresiva de protagonismo, en un contexto atravesado por salarios en retroceso, reducción de puestos de trabajo y una menor capacidad de incidir en la agenda pública. A esto se suma un cuestionamiento creciente desde las bases a una conducción señalada por su perfil dialoguista.
Uno de los hitos de ese debilitamiento fue la pérdida de control efectivo sobre los trabajadores del subte, donde la representación real quedó en manos de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro, cuyos conflictos y negociaciones terminaron imponiendo el ritmo de las discusiones paritarias en ese ámbito.
El escenario se agravó con la fractura interna protagonizada por Miguel Ángel Bustinduy, exsecretario de Organización, que derivó en una ruptura con fuerte impacto: la salida de delegados vinculados al poderoso Grupo DOTA. Esa escisión significó, en los hechos, que la UTA dejara de representar a una porción sustancial del transporte automotor en el AMBA, debilitando su capacidad de paralizar el sistema con medidas de fuerza.
Lejos de recomponer la unidad, el conflicto interno parece replicarse ahora en otro plano. Sectores de delegados que cuestionan la conducción comenzaron a buscar respaldo en espacios alternativos como el Frente de Sindicatos Unidos, lo que abre la posibilidad de una nueva configuración opositora dentro del gremio.
Según distintas versiones del ámbito sindical, Fernández intenta contener la situación mediante gestiones con otros dirigentes para evitar que esos sectores disidentes ganen volumen político. No obstante, la estrategia apunta más al aislamiento de los críticos que a una revisión del rumbo adoptado.
Con 18 años al frente del sindicato y una trayectoria marcada por posicionamientos cambiantes, el actual secretario general enfrenta un escenario de desgaste acumulado. La UTA, que supo ser un actor central del sindicalismo argentino, aparece hoy fragmentada y con menor capacidad de incidencia, en medio de un proceso que pone en cuestión su estructura y liderazgo de cara al futuro.














