Tener trabajo ya no alcanza: un informe de la UNL advierte sobre la precariedad laboral entre los jóvenes
Política gremial Martes 13 de Octubre de 2026
Conseguir un empleo no garantiza salir de la pobreza. Esa es una de las principales conclusiones de un informe sobre las condiciones laborales de los jóvenes de la ciudad de Santa Fe, que advierte sobre el avance de la informalidad, los bajos ingresos y las desigualdades de género en el mercado de trabajo.
El relevamiento, titulado Juventudes y trabajo precario, fue publicado en septiembre de 2026 por el Monitor Político y Social del Centro de Estudios Demos. Para su elaboración se analizaron 1.435 casos correspondientes al período 2022-2025, a partir de información del Observatorio Social de la Universidad Nacional del Litoral (UNL).
Uno de los datos más preocupantes es que alrededor del 65% de los jóvenes que trabajaban en 2025 no realizaba aportes jubilatorios. Según el estudio, cerca de dos de cada tres trabajadores jóvenes se desempeñaban sin una cobertura social adecuada, que incluye protección previsional, obra social y seguro por riesgos del trabajo.
El informe advierte que la falta de aportes no representa solamente un problema para el futuro de quienes trabajan en condiciones informales, sino que también refleja la vulnerabilidad económica que enfrentan en el presente.
Ingresos que no alcanzan para cubrir las necesidades básicas
La investigación también puso el foco en los ingresos de los trabajadores jóvenes y su relación con el costo de vida.
En 2025, el ingreso mensual promedio se ubicó en torno a los $540.000. Sin embargo, al desagregar los datos por género aparecen diferencias significativas: las mujeres percibieron un promedio de $444.000, mientras que los varones alcanzaron los $558.000.
De acuerdo con las cifras del estudio, los ingresos masculinos superaron en un 25,7% a los femeninos, una brecha que expone las desigualdades que atraviesan las trayectorias laborales de las nuevas generaciones.
La comparación con el costo de vida también refleja las dificultades para sostener la economía de los hogares. El informe señala que ambos promedios quedaron por debajo de los $1.128.398 que el INDEC estimó en junio de 2025 como valor de la canasta básica total para una familia tipo de cuatro integrantes.
Aunque se trata de una referencia para un hogar de cuatro personas y no de un umbral individual de pobreza, la comparación permite dimensionar la distancia entre los ingresos relevados y el costo de las necesidades básicas de una familia.
Más dificultades para las mujeres jóvenes
Las desigualdades también aparecen al analizar la participación laboral. Según el relevamiento, al sumar las categorías de quienes trabajan y quienes trabajan mientras buscan otro empleo, el 47% de los varones se encontraba en esa situación, frente al 31,3% de las mujeres.
El estudio también identificó una mayor presencia femenina entre quienes realizan actividades laborales complementarias: las mujeres representan el 56,41% de ese grupo.
Para los autores, estos datos muestran que las mujeres jóvenes enfrentan mayores dificultades para alcanzar ingresos suficientes y condiciones laborales estables. La necesidad de sumar otra actividad puede convertirse en una estrategia para compensar remuneraciones insuficientes, sin que eso implique necesariamente acceder a un empleo formal.
La búsqueda de más de una fuente de ingresos, por lo tanto, no siempre representa una mejora en las condiciones de vida. En muchos casos, puede ser una respuesta a la insuficiencia de los salarios y a la falta de estabilidad laboral.
La informalidad, un problema que condiciona el futuro
La ausencia de aportes jubilatorios constituye otro de los puntos centrales del informe. El trabajo sin registración no solo limita el acceso a derechos laborales y a determinadas coberturas sociales, sino que también dificulta la construcción de una trayectoria previsional.
Para los jóvenes, el problema adquiere una dimensión particular: los primeros años de inserción laboral son fundamentales para consolidar experiencia, mejorar ingresos y acceder a condiciones de empleo más estables.
Sin embargo, cuando el ingreso al mercado de trabajo se produce a través de ocupaciones informales, mal remuneradas o sin protección social, esas posibilidades quedan condicionadas desde el comienzo.
El estudio del Centro de Estudios Demos plantea así un escenario en el que la ocupación, por sí sola, no asegura autonomía económica ni una mejora sustancial de las condiciones de vida.
Los resultados corresponden a jóvenes de entre 18 y 29 años de la ciudad de Santa Fe y no deben extrapolarse automáticamente al conjunto del país. No obstante, los datos relevados permiten poner en discusión un problema más amplio: la dificultad de acceder a empleos que garanticen ingresos suficientes, estabilidad y derechos laborales.
En ese contexto, el desafío no se limita a generar nuevos puestos de trabajo. También implica mejorar la calidad del empleo, reducir la informalidad y cerrar las brechas salariales que afectan especialmente a las mujeres jóvenes.















