Peabody apagó sus máquinas en Argentina y redujo su plantilla en 47 trabajadores
Política gremial Domingo 9 de Agosto de 2026
La crisis de Peabody terminó de marcar un punto de inflexión para una de las marcas tradicionales del mercado argentino de electrodomésticos. La empresa controlada por Goldmund S.A. dejó de fabricar en el país y desmanteló la infraestructura productiva que mantenía instalada, mientras avanza con un proceso concursal que expone una situación financiera y comercial cada vez más compleja.
Los últimos informes incorporados al concurso preventivo muestran que la compañía ya no cuenta con capacidad fabril operativa. La maquinaria fue desmontada y trasladada a un depósito ubicado en San Martín, mientras que la administración se mudó a nuevas oficinas en la Ciudad de Buenos Aires.
El cambio no es solamente logístico. La compañía abandonó el esquema industrial que sostuvo parte de su actividad y pasó a concentrarse en la importación y comercialización de productos, mientras intenta reestructurar obligaciones que superan los $39.234 millones.
47 puestos de trabajo menos
El impacto sobre el empleo fue inmediato.
Cuando Goldmund ingresó formalmente al concurso preventivo, el 20 de abril, declaró una dotación de 158 trabajadores. En mayo se registraron diez desvinculaciones y la cantidad de empleados cayó a 121.
El ajuste continuó durante junio, cuando se produjeron otras doce bajas. En ese período, además, se concretaron retiros voluntarios que implicaron un desembolso cercano a los $89 millones.
De esta manera, la empresa terminó junio con 111 trabajadores, es decir, 47 puestos menos que al comienzo del proceso concursal, una reducción cercana al 30% de su plantilla.
Los trabajadores vinculados a la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) estuvieron entre los principales afectados por las desvinculaciones. Los informes de la sindicatura también señalan que la compañía no incorpora personal desde octubre de 2025.
De fábrica argentina a importadora
La decisión de abandonar la producción nacional no surgió con la apertura del concurso. La empresa ya había comenzado a modificar su esquema industrial antes de ingresar formalmente en la convocatoria de acreedores.
Parte de la fabricación, especialmente vinculada con productos de climatización, fue trasladada a Paraguay bajo el régimen de maquila.
Según los argumentos presentados por la propia compañía ante la Justicia, producir allí implica una reducción de costos de entre 30% y 35%, atribuida principalmente a diferencias en materia laboral, tributaria y fiscal.
El nuevo esquema contempla entonces una menor participación de la producción argentina y una mayor dependencia de productos fabricados en el exterior.
El cambio de estrategia había sido anticipado incluso por el propietario de la compañía, Dante Choi, quien había señalado que no estaba previsto retomar la fabricación local.
Las ventas también se desplomaron
A la pérdida de competitividad industrial se sumó un fuerte deterioro de la actividad comercial.
En diciembre de 2025, la compañía había registrado ventas por 62.545 unidades, con una facturación de aproximadamente $3.360 millones. Sin embargo, los meses posteriores mostraron una marcada contracción.
Uno de los datos más significativos aparece en junio. Las ventas gravadas descendieron desde $2.737,8 millones en mayo hasta $1.324,5 millones, lo que representa una caída superior al 52% en apenas un mes.
La empresa atribuyó parte de ese deterioro a la presión de los precios y explicó ante la Justicia que el valor promedio de sus productos había caído prácticamente a la mitad durante los últimos seis meses.
Ese escenario impactó directamente sobre la facturación y también redujo el nivel de compras. En mayo habían alcanzado los $2.579,3 millones, mientras que en junio descendieron a $1.830,3 millones.
Una caja cada vez más exigida
El problema financiero tampoco encontró alivio.
Durante junio, Goldmund registró ingresos provenientes de ventas por alrededor de $824,3 millones, mientras que sus egresos alcanzaron los $2.326,3 millones.
El resultado fue un déficit operativo de aproximadamente $1.501,9 millones.
Para sostener el funcionamiento cotidiano, la empresa continuó recurriendo a herramientas de financiamiento de corto plazo, entre ellas préstamos y descuento de cheques. Al mismo tiempo, debió afrontar compromisos con proveedores tanto nacionales como extranjeros.
La situación evidencia una estructura empresarial que necesita financiamiento permanente para sostener una operación que perdió escala y que, al mismo tiempo, dejó atrás su perfil industrial.
El costo de la reconversión
El caso Peabody refleja así una transformación que excede el expediente concursal.
Una empresa que durante años tuvo producción en Argentina desmontó su estructura fabril, trasladó parte de sus operaciones al exterior, redujo cerca de un tercio de su plantilla y pasó a depender principalmente de la importación y comercialización de productos.
Mientras la compañía intenta alcanzar un acuerdo con sus acreedores para reordenar un pasivo superior a los $39.000 millones, el impacto sobre el empleo ya es concreto: 47 trabajadores dejaron la empresa en apenas tres meses.
La historia de Peabody suma así otro capítulo al proceso de pérdida de capacidad industrial que atraviesan distintas empresas argentinas. En este caso, la crisis financiera no derivó solamente en una reducción de personal: significó también el abandono de la fabricación local y el reemplazo de un modelo productivo por otro basado en la importación.
El desafío ahora será determinar si la nueva estructura comercial puede garantizar la continuidad de la marca o si el concurso preventivo terminará profundizando el proceso de ajuste que ya comenzó a impactar sobre trabajadores, proveedores y producción nacional.














