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Diego Richiusa: “La docencia no perdió la vocación, pero hay que reconocerla como un trabajo”

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Diego Richiusa: “La docencia no perdió la vocación, pero hay que reconocerla como un trabajo”

El secretario general de SADOP La Plata, Diego Richiusa, planteó que la docencia atraviesa dos problemas centrales: el deterioro salarial y la pérdida de reconocimiento social hacia quienes ejercen la profesión. Durante una entrevista, sostuvo que ambas cuestiones están estrechamente vinculadas con las transformaciones que atraviesa la sociedad y con las decisiones adoptadas en materia de política educativa.

Richiusa remarcó que la situación alcanza tanto a la educación de gestión privada como a la estatal. En materia salarial, señaló que la reducción de partidas nacionales destinadas al sistema educativo impactó sobre componentes que formaban parte de los ingresos docentes y cuestionó el funcionamiento actual de la discusión salarial a nivel nacional.

Según explicó, el esquema de paritarias nacionales que históricamente establecía un piso para las negociaciones provinciales perdió protagonismo y eso derivó en una mayor disparidad entre las distintas jurisdicciones.

En el caso bonaerense, reconoció que el salario docente continúa siendo insuficiente, aunque destacó que la negociación paritaria provincial se mantuvo abierta.

“Tal vez no es todo lo necesario que el bolsillo necesita, pero al menos sabemos que la negociación paritaria nunca se cerró y hay aumentos pautados”, sostuvo.

Richiusa también se refirió a la discusión por el incremento correspondiente a septiembre y señaló que los representantes docentes llevarían el reclamo a la mesa de negociación provincial para evaluar la posibilidad de establecer un retroactivo.

La pérdida de autoridad y el respeto hacia los docentes

Otro de los ejes de la entrevista fue el deterioro de la autoridad docente y el vínculo entre las escuelas, las familias y la comunidad.

Para el dirigente de SADOP, existe una fragmentación social que también se expresa dentro de las instituciones educativas. En ese marco, cuestionó los discursos que presentan a los docentes como responsables de un supuesto adoctrinamiento y sostuvo que ese tipo de mensajes contribuye a deteriorar la imagen de la profesión.

Richiusa planteó, además, que la educación siempre contiene una dimensión política y social, en tanto implica formar ciudadanos y transmitir conocimientos, valores y herramientas para comprender la realidad.

“Tenemos que pensar a la comunidad y aportar desde el conocimiento docente y el proceso educativo”, afirmó.

En su análisis, el dirigente sostuvo que la escuela no puede ser entendida como una institución aislada, sino como parte de una sociedad que también cambió sus formas de relacionarse, trabajar y organizarse.

Docentes: entre la vocación y el trabajo

Richiusa también abordó uno de los conceptos históricamente asociados a la profesión docente: la vocación.

Según explicó, durante otras épocas existía una mirada social que vinculaba fuertemente la docencia con una actividad vocacional, particularmente entre las mujeres. Sin embargo, sostuvo que las transformaciones sociales modificaron ese escenario.

“Hoy son compañeras que son sostenes de hogar”, señaló.

En ese sentido, remarcó que la vocación y el reconocimiento de la docencia como trabajo no son conceptos incompatibles. Por el contrario, consideró que ambas dimensiones deben complementarse.

El secretario general de SADOP La Plata sostuvo que la docencia continúa requiriendo una fuerte vocación, especialmente frente a las complejidades actuales de las aulas, pero advirtió que esa vocación no puede utilizarse para justificar salarios bajos o condiciones laborales deficientes.

“Esto es un trabajo. Vivimos del salario docente”, afirmó.

Richiusa vinculó además esta discusión con la composición mayoritariamente femenina del sector y señaló que, según una encuesta de SADOP mencionada durante la entrevista, alrededor del 55% de las trabajadoras docentes serían sostén de hogar.

Una escuela atravesada por los cambios sociales

Otro de los puntos abordados fue la necesidad de repensar la escuela frente a las transformaciones culturales y tecnológicas.

Para Richiusa, muchas estructuras del sistema educativo mantienen características similares a las de hace décadas, mientras que los estudiantes y la sociedad cambiaron profundamente.

“Hoy la escuela de los chicos y las chicas es otra”, sostuvo, al remarcar que las nuevas generaciones tienen otras formas de acceder a la información, comunicarse y relacionarse con el conocimiento.

En ese contexto, planteó que uno de los grandes desafíos consiste en discutir qué se enseña y, fundamentalmente, para qué se educa.

El dirigente consideró que no alcanza con transmitir contenidos de manera memorística, sino que es necesario generar herramientas que permitan a los estudiantes comprender los procesos históricos, sociales y culturales que atraviesan su vida cotidiana.

También se refirió al impacto de la inteligencia artificial en las aulas. Señaló que la tecnología plantea nuevos desafíos para docentes y estudiantes y que es necesario desarrollar herramientas para que su utilización forme parte de un verdadero proceso de aprendizaje.

Al mismo tiempo, rechazó la idea de que los jóvenes hayan dejado de leer. Según explicó, las nuevas generaciones leen, aunque muchas veces lo hacen en formatos y soportes diferentes a los utilizados por generaciones anteriores.

Educación y proyecto de país

Richiusa sostuvo que la discusión educativa no puede quedar aislada de otros aspectos de la vida social.

Desde su perspectiva, la educación debe pensarse en relación con las políticas laborales, económicas y productivas y con una concepción general sobre el futuro del país.

“Se necesita una concepción de nación, una concepción de política de futuro de lo que queremos como educación, lo que queremos como sociedad, lo que queremos como comunidad”, expresó.

En esa línea, defendió una educación que contribuya a formar ciudadanos y ciudadanas capaces de desenvolverse en una sociedad democrática y cuestionó los procesos de fragmentación social.

El dirigente también destacó la importancia de recuperar una mirada colectiva frente al avance de discursos centrados en el éxito individual.

La desigualdad también atraviesa a las escuelas

Otro de los ejes planteados fue la existencia de distintas realidades dentro del sistema educativo.

Richiusa remarcó que, desde su perspectiva, el sistema educativo es uno solo, independientemente de que las instituciones sean de gestión estatal, privada o confesional.

Sin embargo, reconoció que existen profundas diferencias entre establecimientos, especialmente cuando se comparan escuelas con cuotas muy elevadas con instituciones a las que concurren hijos de trabajadores y sectores populares.

En ese sentido, sostuvo que el Estado debe garantizar políticas educativas comunes y que determinados contenidos y herramientas deberían estar disponibles para todos los estudiantes.

“La educación es pública, existe la educación de gestión privada”, explicó, al plantear que las instituciones privadas también forman parte del sistema educativo y se encuentran sujetas a las políticas y regulaciones estatales.

La escuela, las familias y una comunidad que cambió

Richiusa también puso el foco en el vínculo entre las familias y las instituciones educativas.

Señaló que las transformaciones del mercado laboral y de las estructuras familiares modificaron las posibilidades de participación de madres y padres en la vida escolar. Como ejemplo, mencionó que actualmente muchas reuniones convocadas por las escuelas cuentan con una participación reducida de las familias.

Para el dirigente, esto no puede interpretarse simplemente como falta de interés, ya que existen múltiples factores sociales y laborales que condicionan la participación.

La escuela, sostuvo, debe ser entendida como parte de la comunidad y no como una institución separada de ella.

Ludopatía, tecnología y nuevos desafíos

Durante la entrevista también apareció la problemática de la ludopatía entre adolescentes y su relación con las nuevas tecnologías.

Richiusa describió situaciones vinculadas con promociones de préstamos y apuestas que, según relató, aparecen incluso en inmediaciones de establecimientos educativos.

A su entender, el fenómeno debe ser abordado como parte de una problemática social más amplia, vinculada con la búsqueda del éxito individual y económico inmediato.

En ese sentido, sostuvo que la educación tiene también el desafío de generar herramientas para que los jóvenes puedan comprender críticamente los mensajes que reciben a través de las plataformas digitales.

“La educación tiene que ser una discusión de todos”

Hacia el final de la entrevista, Richiusa insistió en que la educación no debería ocupar la agenda pública únicamente cuando aparece un conflicto, un paro o una situación problemática.

“Tenemos que estar todos involucrados en la educación. Tenemos que estar pensando”, afirmó.

Desde SADOP, señaló, la discusión sobre el sistema educativo y los derechos laborales forma parte de los ejes centrales de la actividad gremial.

Para el dirigente, el desafío pasa por abrir una discusión más amplia que contemple salarios, condiciones laborales, infraestructura, inversión, contenidos, nuevas tecnologías, participación de las familias y el modelo de sociedad que se pretende construir.

La conclusión de Richiusa apunta a una idea central: la docencia conserva su dimensión vocacional, pero también debe ser reconocida plenamente como trabajo, con salarios dignos, derechos laborales y condiciones adecuadas para enseñar.

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