Investigadores de la UNLP cuestionan la medición oficial de la pobreza y advierten sobre posibles distorsiones estadísticas
Política gremial Jueves 18 de Junio de 2026
Un estudio elaborado por especialistas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) abrió un debate sobre los indicadores oficiales de pobreza difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Si bien los datos del organismo muestran una marcada reducción de la pobreza durante los últimos dos años, los investigadores sostienen que parte de esa mejora podría estar vinculada a cuestiones metodológicas y no necesariamente a una transformación equivalente en las condiciones de vida de la población.
El trabajo fue desarrollado por el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS), dependiente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP, y analiza los desafíos que presenta la medición de la pobreza en un escenario atravesado por fuertes cambios económicos e inflación elevada.
Según el informe, uno de los principales problemas detectados es la diferencia temporal entre la medición de los ingresos de los hogares y la actualización de los valores de la Canasta Básica Total utilizada para determinar la línea de pobreza. Los investigadores explican que, en contextos inflacionarios, estos desfases pueden generar sobreestimaciones o subestimaciones del fenómeno, alterando la comparación entre distintos períodos.
De acuerdo con el análisis, cuando la inflación se desacelera después de una etapa de aceleración de precios, el mecanismo estadístico puede reflejar una caída de la pobreza más pronunciada de la que efectivamente experimentan los hogares en términos reales.
Otro de los aspectos señalados por el estudio es el subregistro de ingresos en las encuestas oficiales. Los especialistas advierten que muchas familias no declaran la totalidad de los recursos que perciben, situación que puede variar según el contexto económico y las condiciones de relevamiento. En consecuencia, una mejora en los niveles de declaración podría traducirse en una reducción estadística de la pobreza sin que exista necesariamente un incremento equivalente en el bienestar de las personas.
El informe también pone el foco sobre la composición de la canasta básica utilizada por el INDEC. Según los investigadores, los patrones de consumo sobre los cuales se construyó ese indicador responden a hábitos registrados hace casi veinte años y podrían no representar adecuadamente la estructura actual de gastos de los hogares argentinos.
En particular, señalan que rubros que ganaron peso en los presupuestos familiares, como alquileres, servicios públicos, transporte y comunicaciones, no tendrían una incidencia acorde a la realidad económica actual, lo que podría afectar la precisión de las mediciones.
Si bien el trabajo no niega que se hayan producido mejoras en algunos indicadores sociales, plantea la necesidad de revisar y actualizar las metodologías de medición para obtener diagnósticos más precisos sobre la evolución de la pobreza en el país.
El debate adquiere especial relevancia en un contexto en el que el Gobierno nacional exhibe la reducción de los índices de pobreza como uno de los principales logros de su gestión. Desde el ámbito académico, en cambio, sostienen que resulta indispensable analizar con cautela los datos estadísticos y considerar las limitaciones metodológicas antes de atribuir los resultados exclusivamente a la evolución de la economía o a las políticas públicas implementadas.














