El deterioro del poder adquisitivo volvió a quedar en evidencia en marzo, esta vez medido en términos poco habituales pero contundentes: la cantidad de litros de nafta que puede comprar un salario. Según un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), la capacidad de compra de los ingresos registrados se redujo un 17% entre febrero y marzo.
El dato refleja el fuerte impacto que tuvo la suba del precio del combustible, que aumentó un 21% en términos reales durante el último mes. Detrás de ese salto aparece el encarecimiento internacional del petróleo, impulsado por tensiones geopolíticas en Medio Oriente, que se trasladaron al mercado local.
Actualmente, el litro de nafta súper en la Ciudad de Buenos Aires ronda los $2.000 a precios constantes, un nivel que no solo marca el impacto reciente sino que también ubica el valor del combustible en cifras similares a las de mediados de 2021, aunque en un contexto económico muy distinto.
Más allá del precio, el indicador clave es cuánto rinden los salarios frente a ese aumento. En ese sentido, el informe advierte que la pérdida de poder de compra es significativa: en la comparación interanual, los ingresos medidos en litros de nafta registran una caída del 27%.
Si se amplía aún más el horizonte, el deterioro es más profundo. Frente a noviembre de 2023 —antes del cambio de gestión— la pérdida alcanza el 48%, lo que evidencia el fuerte ajuste relativo entre ingresos y costos energéticos. Incluso en relación con 2018, el retroceso se ubica en torno al 18%.
El fenómeno se explica por una combinación de factores: por un lado, el incremento del precio del combustible atado a variables internacionales como el valor del crudo; por otro, la evolución más lenta de los salarios, que no logran acompañar el ritmo de los costos.
En este escenario, llenar el tanque se vuelve cada vez más costoso en términos reales para los trabajadores, y se suma a una serie de indicadores que muestran el impacto de la inflación y los precios regulados sobre el poder adquisitivo.