Alejandro Casalongue, el nuevo padrino de La Plata: el heredero frío que ordena la familia mediática mientras El Editor Platense CON PREOCUPACION en la mesa chica
Actualidad Sábado 6 de Junio de 2026
Alejandro Casalongue, el nuevo padrino de los medios platenses: joven, frío y con menos necesidad de gritar para que lo escuchen
La Plata tiene esas cosas: cuando uno cree que ya vio todo en materia de portales, operaciones, comunicados cruzados, tapas ardidas y periodistas que se escriben solos la épica, aparece una interna mediática con aroma a café frío, teclado caliente y cuentas pendientes.
En el centro de la escena quedó Alejandro Casalongue, heredero natural de una saga periodística que conoce cada rincón del barro platense, cada pasillo del poder, cada funcionario que atiende y cada funcionario que se hace el distraído. Dicen algunos, con miedo y admiración en partes iguales, que Alejandro ya no es “el sobrino de”. Dicen que ahora es otra cosa: el nuevo padrino.
No hace falta caballo en la cama. En La Plata alcanza con una nota bien puesta a las ocho de la mañana.
“Algún día, y puede que ese día nunca llegue, te voy a pedir una pauta”
La analogía con El Padrino aparece sola. Mario Casalongue, histórico jefe de una familia mediática acostumbrada a caminar entre denuncias, operaciones, silencios incómodos y teléfonos que suenan demasiado, mira la escena y entiende que llegó el momento de ordenar la sucesión.
No en una boda siciliana, sino en una redacción. No con anillos dorados, sino con dominios web. No con consigliere, sino con editores, cronistas, banners y algún que otro archivo guardado bajo llave.
Mario, en esta versión platense de Michael Corleone, habría entendido que la sangre joven no solo empuja: también calcula. Y allí aparece Alejandro Casalongue, joven, astuto, determinado y, según comentan quienes lo tratan, mucho más frío que su tío.
Mario podrá tener la historia, el apellido y la escuela de la vieja guardia. Pero Alejandro parece tener otra virtud más moderna: sabe cuándo hablar, cuándo callar y cuándo dejar que el otro se hunda explicando demasiado.
El Editor Platense descubrió América: en La Plata los medios se pelean
El conflicto estalló cuando desde El Editor Platense salieron a cuestionar con dureza a los Casalongue, en una nota que pretendió sonar a denuncia institucional pero terminó pareciéndose más a un ataque de nervios con corrector ortográfico.
La acusación fue fuerte, el tono grave, la intención evidente: colocar a Mario y Alejandro como parte de una maquinaria de presión mediática. Pero el problema de tirar piedras desde una redacción vidriada es que, tarde o temprano, alguien pregunta quién paga el alquiler de los vidrios.
Porque en La Plata todos se conocen. Todos saben quién llama a quién. Todos saben qué portal nació por convicción, cuál por necesidad y cuál porque alguien descubrió que tener página web era más barato que tener estructura política.
Y en esa cancha, los Casalongue no son improvisados. Podrán gustar o no, podrán incomodar o no, pero no llegaron ayer ni necesitan googlearse para recordar quiénes son.
Alejandro, el sucesor que no pide permiso
La figura de Alejandro Casalongue empieza a crecer justamente en ese terreno: el de la disputa por la influencia. No aparece como un heredero decorativo, ni como un apellido colgado en el pie de página. Aparece como alguien que entendió que el poder mediático ya no se hereda solamente: se ejerce.
Y lo ejerce con un estilo distinto. Menos barroco que Mario. Menos explosivo. Más quirúrgico. Donde uno podía jugar al choque frontal, el otro parece preferir la espera, el dato, el momento exacto. Si Mario fue la vieja escuela del portal combativo, Alejandro parece representar la etapa siguiente: la del operador silencioso, el editor que no necesita levantar la voz porque sabe dónde está el botón de publicar.
Por eso algunos ya lo miran como el sucesor natural. No porque Mario se retire, sino porque toda familia de poder necesita renovación. Incluso las familias mediáticas. Incluso las que, como en La Plata, no usan limusina sino grupos de WhatsApp.
Diario Gran La Plata: la mesa chica donde se decide qué ciudad leerá mañana
En ese mapa, Diario Gran La Plata aparece como una pieza central. Un medio joven en términos comparativos, pero con vocación de entrar en la conversación pública sin pedir disculpas. Mientras otros portales se presentan como vírgenes vestales de la objetividad, Diario Gran La Plata acepta lo obvio: el periodismo local también es poder, disputa, agenda, tensión y territorio.
La diferencia es que algunos lo hacen con cara de escribanos y otros con cara de familia.
El Editor Platense eligió poner a los Casalongue bajo la lupa. Los Casalongue, como toda familia que entiende el juego, no necesitan responder con berrinche. A veces alcanza con dejar que el adversario muestre la hilacha, que se exceda, que confunda crítica con catarsis, periodismo con ajuste de cuentas y denuncia con necesidad de protagonismo.
El nuevo padrino no amenaza: editorializa
La construcción de Alejandro como “nuevo padrino” no debe leerse en clave mafiosa, sino platense. Acá el padrinazgo no se mide en territorios prohibidos, sino en llamadas atendidas, títulos que incomodan, silencios que pesan y notas que ordenan la conversación.
El padrino mediático no manda matones. Manda titulares.
No deja mensajes en sobres cerrados. Deja enlaces.
No se sienta en un despacho oscuro. Se sienta frente a un panel de administración, mira las visitas, mide el impacto y decide si conviene pegar, esperar o sonreír.
Y ahí, Alejandro Casalongue parece estar entendiendo mejor que muchos veteranos que el nuevo poder no siempre grita. A veces edita.
La Plata, ciudad de familias, portales y venganzas con SEO
La pelea con El Editor Platense deja una postal deliciosa de la fauna platense: medios que se acusan entre sí de operar, periodistas que denuncian operaciones operando, empresarios que descubren la ética justo cuando les publican una nota en contra y portales que se indignan por prácticas que conocen de memoria.
En esa comedia de egos, Alejandro Casalongue aparece como el personaje que más conviene mirar. No por escándalo, sino por proyección. Tiene apellido, tiene medio, tiene red, tiene escuela y, sobre todo, tiene algo que en el ecosistema local vale más que cualquier editorial solemne: paciencia.
Mario, como Michael en su etapa final, parece haber entendido que la continuidad no se declama. Se prepara. Y Alejandro, más frío, más joven y más calculador, parece dispuesto a ocupar ese lugar sin necesidad de pedir bendición pública.
Porque en La Plata el poder no se anuncia.
Se publica.














