Pandanés cerró sus 25 locales y dejó a 150 trabajadores sin empleo: los despidos fueron comunicados por WhatsApp durante la madrugada
Política gremial Domingo 4 de Octubre de 2026
La cadena de panaderías artesanales Pandanés dejó de operar y cerró sus 25 sucursales en medio de una profunda crisis financiera. Cerca de 150 trabajadores quedaron en la calle y denunciaron que fueron informados del cierre mediante un mensaje de WhatsApp enviado a las 3:56 de la madrugada.
La noticia se conoció cuando los empleados recibieron la indicación de no presentarse a trabajar. Al llegar a sus lugares habituales de trabajo, varios se encontraron con las puertas cerradas y las cerraduras modificadas. En algunos casos, tampoco pudieron ingresar para retirar sus pertenencias personales.
La empresa comunicó a través del mensaje que había llegado a un punto en el que no contaba con fondos suficientes para continuar funcionando ni para afrontar sus obligaciones. Según explicó, durante los últimos meses se habían buscado alternativas para sostener la actividad y preservar los puestos de trabajo, pero finalmente no se encontró una salida viable.
El cierre se produjo después de un largo proceso de deterioro económico. Pandanés había ingresado en concurso preventivo a fines de 2025, con activos declarados por $2.206,6 millones y un pasivo que superaba los $1.218 millones.
La propia compañía había establecido como fecha de inicio de la cesación de pagos el 15 de octubre de 2025, luego del rechazo de un cheque diferido por $3,85 millones.
En aquella presentación judicial, la empresa había atribuido sus dificultades a la recesión, la inflación, la incertidumbre económica y el fuerte incremento de los costos. También había señalado una caída persistente del consumo que, de acuerdo con su diagnóstico, había superado el 50% respecto de los niveles históricos.
Un cierre comunicado de madrugada
El modo en que se produjo el cierre generó especial malestar entre los trabajadores. El aviso llegó durante la madrugada y por un canal informal, sin que los empleados recibieran previamente una comunicación formal sobre la finalización de sus contratos.
Una de las trabajadoras, Analía Centeno, relató que el mensaje fue enviado al grupo general cerca de las cuatro de la mañana. Cuando algunos empleados se acercaron posteriormente a los locales, se encontraron con las puertas cerradas.
En una de las sucursales ubicadas en Recoleta, una trabajadora denunció que las cerraduras habían sido cambiadas y que sus pertenencias habían quedado dentro del establecimiento.
Los trabajadores también señalaron que no recibieron cartas documento ni notificaciones individuales y que, hasta el momento del cierre, la principal comunicación sobre la situación provino de mensajes internos.
Sueldos al día, pero sin aportes ni indemnizaciones
Según los trabajadores, la empresa había depositado los salarios correspondientes a septiembre y el aguinaldo pendiente de junio apenas unos días antes del cierre.
Sin embargo, denunciaron que existían incumplimientos vinculados con aportes jubilatorios, cargas sociales y obra social. Tampoco se habían abonado las indemnizaciones correspondientes por la pérdida de los puestos de trabajo.
Algunos empleados aseguraron que conocían la situación concursal de la compañía, aunque mantenían expectativas de continuidad porque desde la empresa les habían transmitido que se esperaba el ingreso de fondos para intentar superar la crisis.
La situación terminó resolviéndose con el cierre de toda la estructura comercial y el anuncio de que la compañía avanzará hacia su propia quiebra.
El cierre de las primeras sucursales ya anticipaba la crisis
La clausura total de la cadena estuvo precedida por el cierre de al menos dos establecimientos: uno ubicado sobre avenida San Martín, en Villa Crespo, y otro en la calle Sanabria, en Villa Devoto.
En esos casos, los trabajadores habían recibido como explicación que los costos de alquiler impedían renovar los contratos. Sin embargo, pocos días después la crisis alcanzó al conjunto de la red y las 25 sucursales dejaron de funcionar.
El derrumbe implica además la pérdida de una estructura que había logrado expandirse rápidamente desde sus comienzos.
Pandanés nació en 2016 como un emprendimiento artesanal impulsado por la danesa Lise Lundme Funch en una cocina alquilada de San Telmo. Con el paso de los años, la marca llegó a contar con 25 locales y una planta industrial de aproximadamente 1.700 metros cuadrados que había sido proyectada con capacidad para abastecer hasta 50 sucursales.
Una crisis que golpea al sector panadero
El caso Pandanés se suma a un escenario complejo para las panaderías y establecimientos vinculados a la elaboración y comercialización de productos de panificación.
Desde la Cámara de Industriales Panaderos (CIPAN) vienen advirtiendo sobre una fuerte contracción del consumo. Según los datos difundidos por la entidad, las ventas de pan tradicional registraron caídas de entre el 50% y el 60%, mientras que la demanda de facturas y productos de pastelería habría sufrido un desplome cercano al 80%.
El cambio en los hábitos de consumo refleja el impacto de la pérdida de poder adquisitivo. En lugar de comprar por kilo o llevar una cantidad determinada de productos, cada vez más consumidores adquieren únicamente lo que pueden pagar con el dinero disponible.
El cierre de Pandanés expone así el impacto de la caída del consumo sobre una cadena que había conseguido construir una importante presencia comercial y que terminó dejando a unos 150 trabajadores sin empleo.
Ahora, mientras la empresa se encamina al proceso de quiebra, los trabajadores deberán afrontar el reclamo por sus derechos laborales y las indemnizaciones correspondientes, en un conflicto que vuelve a poner en primer plano el impacto de la crisis económica sobre el empleo formal.















